
Una instalación rara vez consume de forma regular: puntas por la mañana, un valle por la noche, picos cuando arranca una máquina. La potencia contratada se dimensiona sobre la punta, y el resto del tiempo no sirve. Una batería de almacenamiento suaviza esa curva: se carga cuando la energía está disponible o es barata, y la devuelve en el momento de la punta.
El segundo beneficio es la continuidad. Ante un corte de unos minutos, la batería toma el relevo y da tiempo para detener correctamente una operación o arrancar otra fuente. Para una cámara frigorífica, un puesto de mando o una cadena de producción, esos minutos valen el alquiler.
El dimensionamiento se hace sobre sus datos reales, nunca sobre una estimación: es lo primero que le pedimos.
